En temas de ahorro... ¡no seáis vuestro propio enemigo! 😱

¿Sabéis esa frase de “No tires piedras sobre tu propio tejado”? Básicamente quiere decir que no vayáis en contra de vuestros propios intereses ni os perjudiquéis. Pues lo mismo pasa con el tema de los ahorros.

Cuando pensamos en mover nuestro dinero, siempre tenemos una serie de miedos, incertidumbres y dudas que nos hacen que no actuemos como deberíamos. A veces, incluso, nos dejamos influir por opiniones de terceros en lugar de indagar en qué sería lo correcto y qué deberíamos hacer (o no) con nuestras finanzas. **Y más si hablamos de términos a largo plazo, si pensamos en realizar sacrificios ahora mismo para evitar problemas futuros, podemos dejarnos llevar por los sentimientos o sensaciones que tengamos, y es ahí cuando nos convertimos en nuestros propios enemigos.

Un ejemplo de ello es el tema de la jubilación o planes futuros. Como es algo que vemos en la lejanía, puede que en ocasiones no seamos capaces de confiar en los beneficios que nos pueden traer ciertos actos económicos en un futuro, tendemos a mirar en el corto plazo y las elecciones simples.

Con esto nos referimos a que todos nosotros tenemos al alcance de nuestra mano muchísima información sobre cómo alcanzar las metas y objetivos financieros. Pero, a la hora de poner en funcionamiento la maquinaria, no acabamos de dar pasos para ahorrar o invertir el dinero por miedo a que no salga bien. Aquí es donde entran los llamados "sesgos cognitivos" . Se trata de comportamientos que nos impiden tomar decisiones financieras correctas cuando queremos ahorrar o invertir dinero.

¿Cuántas veces os ha pasado que queréis un móvil nuevo, y después de informaros en todos lados comparando precios, buscando ofertas y contrastando opiniones, encontráis una “ganga” y cuando os lo compráis os sentís bien? Seguro que a casi todos os ha pasado, no vamos a engañarnos.

Pero, detrás de ese comportamiento, ¿hay una acción racional, meditada y adecuada? No lo sabemos, pero no es nuestra culpa, es por los sesgos cognitivos, que se nos activan automáticamente y no nos damos cuenta.

El sesgo de la contabilidad mental

Richard Thaler, desarrolló la llamada “contabilidad mental”** y explicó la forma en la que gastamos el dinero dependiendo de dónde provenga.

Si os preguntamos si os gastaríais 100€ en una cena, probablemente digáis que no. Pero, si os tocan 100€ en la Lotería, puede ser que digáis…¡toma! pues nos pegamos una buena cena, que la merecemos. ¿No merecías esa cena igualmente con el dinero de tu salario? Aquí radica el quid de la cuestión, la mente trata de forma distinta el dinero ganado fruto del esfuerzo con el que provenga del azar. ¡Y eso es así! Es justo de la mezcla entre economía y psicología donde surgió la llamada “economía conductual”.

¿Qué es la economía conductual?

Esta analiza cómo nos comportamos las personas en diferentes situaciones de la vida cotidiana, dependiendo de factores como el entorno en el que nos encontremos. Es decir, cómo actuamos los consumidores y por qué tomamos determinadas decisiones con nuestro dinero.

Que el hombre es un animal racional, lo dijo Aristóteles, y es cierto, pero además de actuar de forma racional con el dinero, intervienen decisiones subjetivas que nos condicionan a la hora de llevar a cabo ciertas acciones. Daniel Kahneman y Richard Thaler son los padres de esta economía conductual y, básicamente, nos vienen a decir que no somos tan listos ni pensamos de forma tan racional como nos creemos.

¿Hay alguna manera de combatir esta lucha con nosotros mismos?

Es verdad que cuesta, pero se puede. Imaginaos lo difícil que es a veces elegir qué es lo que vais a tomar en un restaurante. Ahí intervienen: los gustos, el presupuesto, cómo os hayáis levantado de ánimo ese día, qué estáis dispuestos a gastar y qué no, y cuánto os gusta lo que vais a comer. Pues, imaginad tomar esa decisión en cada aspecto de nuestra vida. ¿Difícil, verdad?

Ahí van unos consejos para ahorrar y evitar caer en todas las trampas mentales que nos lo impiden:

  1. Confiad en vuestro criterio. Pensad qué es lo mejor para vuestro bolsillo, meditadlo, comparad y tomad la decisión sin dejaros llevar por opiniones de otros.

  2. Educaos financieramente hablando. Cuanta más información tengáis, mejor será para vuestra tu decisión final. Muchas veces no sabemos ahorrar porque realmente no hemos recibido ninguna educación financiera, sino que nos dejamos llevar por nuestro día a día.

  3. Tomad decisiones inteligentes y pensad en el largo plazo. El éxito consiste no en tener buenas cartas, sino en jugar bien con las que tienes.

  4. Elaborad un presupuesto para tener conciencia de los ingresos y los gastos que tenéis, así sabréis cuánto dinero gastáis y en qué.